Del capítulo 1 de ¡La pandemia no me vencerá!

CASOS DE RESILIENCIA VS LA PANDEMIA en Cuernavaca

Los siguientes son testimonios de personajes quienes, como tú no sólo se enfrentaron, sino que se adaptaron a la adversidad durante la pandemia en Cuernavaca. Son fragmentos del capítulo "Heroismo y Resiliencia" de "¡La pandemia no me vencerá!":

Juventino Rosales, educación y saber escuchar: ─Al coronavirus hay que verlo como en su momento al SIDA: si te quieres morir pronto, no te cuides─ confirma la vox populi, Vox Deus, Juventino Rosales, de profesión bar tender-capitán de meseros y al viernes 12 de junio, labora como único mesero del restaurante Vienés de larga tradición en la esquina de Ignacio Comonfort y Lerdo de Tejada del hoy solitario corazón de Cuernavaca. (Jefe de meseros de el Vienés, restaurante del Centro de Cuernavaca).

El vendedor de alegrías, Rodrigo Méndez, vende sus jamoncillos de pepita, palanquetas de cacahuate y amaranto en las calles del primer cuadro de Cuernavaca. Yo lo conocí en la de Motolinía. Casi de un día para otro, la competencia se esfumó. ─¿Qué tal la venta?─ le pregunto por la confianza tomada a fuerza de no resistirme a una colación del tradicional dulce, a eso del medio día, un día sí y otro también. ─Ahí va mi jefe─ al principio de la pandemia si me las vi difícil. No podía ni leer -dice mientras levanta el libro de marras en su mano- de la preocupación de dar la una, dos de la tarde, sin persignarme para echarme el taco del desayuno. Pero ya luego esto agarró su paso. Las ventas han bajado un 70 por ciento, pero ni modo de echarse pa'tras─ precisa.

Una docena de hombres y mujeres Ixtlahuancillo, Veracruz, a principios de abril,  ante la imposibilidad de vender sus artesanías en el centro de Cuernavaca, ocuparon el crucero de la avenida Morelos y la calle Motolinía. Con mensajes de solicitud de apoyo, algunos en tono desesperado como “Ayúdenos, tenemos hambre”, “El gobierno nos dejó sin trabajo”, “Tenemos familias que alimentar”, se acercan a los automovilistas y peatones para pedir unas monedas (...) 

Pero tal grito de auxilio, fue sólo por unos días. Silvestre Rosas, representante del grupo de las artesanas y artesanos de habla náhuatl, antes de concluir la primera semana del aislamiento social, pusieron a la venta entre automovilistas y transeúntes de esa zona de la ciudad, un catálogo de las, para entonces, imprescindibles cubre-bocas. Con precios de 20, 30 y 50 pesos, las solicitadas prendas para prevenir el contagio del peligroso coronavirus.

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Benjamín Nava Boyás